Hoy hay partido, pero no es un partido cualquiera “jugamos en la cárcel de Estremera”. Teníamos que estar allí a las 9.00 por lo que quedamos en el parking de la cárcel a las 8.45, eso significa madrugón para que cada uno o cada grupo de jugadores se planificase para llegar a tiempo.
Por el miedo a quedarse dormido o por esos nervios de un partido diferente te despiertas cada dos por tres para no faltar. Ya de ruta con un día nublado pero de momento sin lluvia vamos de camino viendo quién va, cuál será el equipo titular... llegando al parking nos encontramos con los primeros coches y una persona en el puesto de control del parking “Marmota” que no está en la lista de los que iban a ir y en principio no le dejan entrar aunque vemos que si se puede hacer algo (al final consigue le dejan pasar), desde ese momento empieza el respeto por donde estamos y salen las primeras gracias sobre el no salir de la cárcel, el quedarse allí por perder la tarjeta de invitados…
Se hacen las primeras fotos en el parking con la torre de la prisión de fondo y casi las únicas ya que no permiten la entrada de móviles o cosas metálicas, vamos, la ropa de deportes y el DNI (sin relojes, móviles, llaves…).
El entrar en la prisión es un cúmulo de sensaciones, el ir de control en control y puertas de tránsito, todo muy controlado. Llegado al vestuario se intenta dejar de lado la risa floja y las gracias y meternos en el partido, las primeras palabras para ir poniéndonos en situación y centrarnos en lo que hemos venido a hacer “jugar al rugby”. Teníamos la referencias y la imagen de Google Maps del campo, un campo de fútbol con porterías, de tierra (suerte que había llovido) que marcó el vestuario de los jugadores con mallas largas o rodilleras o cualquier cosa que cubriera las rodillas.
Ya dentro del partido nos encontramos con equipo muy diverso con personas que ya conocían el rugby y muchos que estaban aprendiendo, algunos grandes y fuertes y otros más menudos y delgados, pero todos disfrutando de este lindo deporte, el denominador común ha sido un equipo disciplinado, respetuoso y con muchas ganas de jugar. En el juego nos hemos encontrado con un equipo donde no existía en miedo a placar y recibir la percusión del contrario, haciendo que su defensa pese a no estar del todo bien colocada (falta de experiencia) era complicada superar, en el ataque se mostraron rápidos y agiles donde eran las acciones más individuales por esa forma ratonera de esquivar al contrario hacía encontrar los huecos. Fuencarral se mostró un equipo con más conocimiento y experiencia del rugby y se notaba en las jugadas ya preparadas y la forma de jugar, aunque de alguna manera nos metimos en su juego y no se supo aprovechar esa ventaja. El partido terminó que comenzaba ganando Fuencarral termina con 1-1.
Realmente ha sido un partido diferente, donde los 2 equipos han ganado y han dado las gracias por poder tener la oportunidad de vivir esta experiencia, para Fuencarral sinceramente ha sido un regalo el poder jugar un partido así, lleno de sentimientos que difícilmente se pueden explicar, como es jugar en un campo donde los muros estaban muy cerca de las líneas del campo y tienes la sensación de estar donde te encuentras (la cárcel) , donde cuando pateas un balón alto y va a superar el muro choca con una alambrada que no le permite salir, aunque dentro del campo durante el partido sientas esa libertad de jugar al rugby con esa pasión que le caracteriza a este deporte, donde todos somos iguales.
Al salir de la prisión vuelves a sentir lo lejos y complicado que puede estar una salida, aunque la distancia sea corta, pero una vez que has cruzado la puerta tienen un sentimiento de libertad complicada de explicar. La verdad, un partido que difícilmente se nos olvidará. Realmente mostramos nuestro agradecimiento a la Fundación Invictus por la labor que está haciendo y el habernos invitado a participar en el partido.
